Ideas y usos poco comunes
QR en museos y exposiciones: no solo un enlace a un artículo
Un mal QR de museo lleva a una página que el visitante podría haber encontrado igual. Uno bueno enseña lo que no se ve tras el cristal: cómo sonaba la pieza, cómo se sostenía, qué había en este mismo lugar hace cien años.
Qué poner detrás del código
Un audio corto de 40–60 segundos con voz de persona real, no de locutor. Un detalle en primer plano: una costura, una grieta, la firma del autor. Y una pregunta al visitante: «¿te has fijado en…?». Que no ocupe más de una pantalla.
Un código por pieza, no uno por sala
Un código para toda la sala significa que no sabes a qué pertenece y que no puedes cambiar nada sin rehacer los carteles. Un código junto a cada objeto también muestra qué atrae más gente: material listo para la próxima exposición.
Qué hacer con los muros gruesos
En las salas de piedra muchas veces no hay cobertura, y el visitante se queda delante de la vitrina sin nada. Mantén la página ligera, sin vídeo en la primera pantalla, y avísalo en el cartel. Si hay Wi-Fi en la sala, pon un código aparte para él.